Después de los dimes y diretes de la campaña electoral, el Gobernador del Estado Rafael Alejandro Moreno y AMLO se dieron la mano en la pasada reunión de la CONAGO.

C.P. Patricio Gerardo Reyes Oropeza, M.A.

El pasado 1º. de julio fuimos testigos de la oleada electoral que provocó en nuestro país el partido Movimiento de Regeneración Nacional mejor conocido como MORENA y ante el nuevo escenario político se viene para México una reorganización tanto en lo social como en lo administrativo y uno de los temas que más llama la atención es el de la “Austeridad Republicana” que no es nada nuevo ya que en plena campaña fue una de las propuestas del ahora presidente electo Andrés Manuel López Obrador y que traducido de otra manera no es más que recortar la burocracia de “alto mando” de las dependencias federales y reducir en un 50% el sueldo a los funcionarios de su nuevo gobierno y no solo eso sino que se pagarán su propia gasolina, sus teléfonos celulares, les serán retirados choferes, los seguros médicos mayores e irán a los servicios institucionales de salud como cualquier ciudadano común y corriente, entre otros privilegios que serán suprimidos, lo cual hasta ahí me parece bastante acertado.

Pero es tal la magnitud de la “Austeridad Republicana” que se contempla compactar la administración pública federal, es decir, despedir a un 70% de los empleados de confianza que equivale aproximadamente a unas 195 mil personas en todo el país y aunque el presidente electo argumenta que se trata de servidores públicos con posiciones y sueldos de privilegio, no estoy seguro si en México existe tal cantidad de personas en esos puestos en las dependencias federales y exceptuando a algunos del Poder Judicial que ganan cantidades exorbitantes, yo creo que en realidad se trata de personas que viven de su salario y que generalmente éste es inferior a la responsabilidad que tienen y que irónicamente se trata de gente que confió en él, que votó por él creyendo que el cambio les favorecería y ahora son víctimas del escarnio popular al ser presentados como la “burocracia dorada” tal como han reproducido desde hace días algunos diarios de circulación nacional.

Hasta este momento no tengo conocimiento de algún informe que nos revele cuánto representaría esta medida en términos de ahorro presupuestal y ¿será que así el servicio público va a ser más eficiente? ¡oh vaya! ¿que sea por lo menos de la misma calidad? ¿realmente es atinada la propuesta del presidente electo?. En mi muy humilde opinión esta medida es excesiva ya que traerá crisis en la calidad del servicio público aunada a la crisis laboral y económica que conlleva incorporar a la estadística del desempleo a esas 195 mil personas.

Creo que el costo beneficio de esta medida está muy por debajo de las expectativas del presidente electo, sin embargo el anuncio ha sido bien recibido entre la gente que durante años ha percibido a la mayoría de los servidores públicos como flojos y “roba sueldos” pagando “justos por pecadores” cuando en las dependencias existen miles de empleados que diariamente llevan a cabo sus labores de manera eficiente. Todavía está por verse si esta estrategia de ahorro presupuestal es una manera de liberar espacios para que de una forma paulatina y discreta sean ocupados en dos o tres años por gente de confianza de los nuevos funcionarios o que demostró lealtad a AMLO y por ende habrá de ser recompensada incorporándola a la inmensa ubre del presupuesto público.

Otro anuncio que llama la atención es el de la descentralización de las Secretarías. Este anuncio ha generado gran cantidad de opiniones encontradas, he escuchado decir que en la iniciativa privada esto ocurre todo el tiempo y que incluso la gente se acostumbra; ok de acuerdo, pero recordemos que el servicio público no es una empresa, las funciones inherentes a cada Secretaría implican que diariamente se realicen interacciones, llámense reuniones y toma de acuerdos, entre los servidores públicos de distintas dependencias. Ahora me dirán que existe el teléfono, las video llamadas o videoconferencias, sí, es cierto; pero en muchos casos se requerirá de la presencia de los servidores públicos y esto implicará retrasos, gastos en pasajes, en hospedaje, en combustibles y todos los demás etcéteras que ello implique y de los gastos que ocasionará a los empleados que eventualmente accedan mudar su residencia a esas ciudades ni hablemos ya que al irse solos o con sus familias les implicará otro tipo de gastos de sobrevivencia totalmente distintos a la forma de vida que tienen en donde ahora se encuentran establecidos. No solo se trata de lo económico sino también del aspecto humano recordemos a Maslow que decía que un empleado que trabaja a gusto y con sus necesidades económicas y afectivas satisfechas siempre rendirá más. El argumento del presidente electo es que esto traerá desarrollo a la ciudad en la que se aloje la respectiva Secretaría, tal vez; puedo comprarle la idea hasta cierto punto, pero no perdamos de vista que este hecho por sí solo no dará tal resultado, tiene que ir acompañado del impulso a la industria productiva y de servicios en aquellas ciudades, pero en contraparte repercutirá en una baja de la actividad económica de la ciudad de México que es donde se encuentran actualmente las Secretarías del gobierno federal, así que habrá de hacerse un buen balance porque como dice un viejo y conocido refrán “no se puede desvestir un santo para vestir otro”.

En el caso particular de Campeche, después de los dimes y diretes de la campaña electoral, el Gobernador del Estado Rafael Alejandro Moreno y AMLO se dieron la mano en la pasada reunión de la CONAGO, y se ratificó el compromiso de traer a Ciudad del Carmen las oficinas de PEMEX con la finalidad de dinamizar la economía que tanta falta le hace a la Isla.

Como dijo aquel ciego…ya veremos.

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