La propuesta del rescate de la instancia cultural del también regidor de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Othón P. Blanco Manuel Valencia Cardín, para no hacer eco en las autoridades que se comprometieron a una nueva manera de gobernar, y estar siempre de lado del pueblo y sus manifestaciones culturales.
 
Héctor Cobá
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El descenso a Xilbabá y más allá, más abajo del inframundo, allá por donde llegan las perforaciones del fracking, es el deporte favorito de los funcionarios de cualquier nivel, comenzando por el gobernador quintanarroense, qué no hay dinero, que la federación no ha depositado, qué no alcanza. Esto en el afán de justificar las carencias en la gran mayoría de los municipios de Quintana Roo.
 
Ese desprecio a la población arrecia como si fuera la gran enemiga de la población la cultura o las actividades culturales, con personal sin la formación necesaria para sostenerse y ser operativos, sobre todo que beneficien a la sociedad, no sólo para un gremio. 
 
Tras el replanteamiento del exdiputado local de la XI Legislatura, quien propuso la primera Secretaría de Cultura para Quintana Roo, que se piense el rescate de la Secretaría de Cultura que Roberto Borge y Lilian Villanueva no supieron mantener en 2013. Es la hora que están ausentes las respuestas, desde un día posterior a la conmemoración de la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre del año pasado, a la propuesta del rescate de la instancia cultural del también regidor de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Othón P. Blanco Manuel Valencia Cardín.
   
Más de 60 días después ni la titular del flamante Instituto de la Cultura y las Artes Jacqueline Estrada Peña; ni el inepto presidente de la Comisión de Cultura de la XV Legislatura Alberto Vado Morales, ni siquiera el ejecutivo estatal Carlos Manuel Joaquín González han dicho ésta boca es mía.
   
Hay tres comunidades de personas dedicadas de lleno a la acción cultural en la ciudad de Cancún, Benito Juárez; de Bacalar y de una parte de los de Chetumal, en el municipio Othón P. Blanco, los que marcan el paso en cuanto a encabezar los reclamos y que estos sean incluidos como estrategias en los planes municipales de desarrollo.
    
Estos personajes, sin duda participarán con un pensamiento actualizado de cómo hacer bien las cosas, en los foros de discusión (sería una gran lección para propiciar acercamientos) buscando revivir y aceptar el apuro de la existencia de una Secretaría de Cultura; llevarlos a cabo es una gran necesidad; como se puede comprobar en documentos, es la inercia social en la gran mayoría de los estados mexicanos.
 
Por eso en estos vaivenes, con toda seriedad, Valencia Cardín ante la falta de acciones y programas que permitan preservar los valores culturales y fomentar la historia e identidad de Quintana Roo, así como el disfrute de las expresiones culturales universales, ha tenido contacto directo con artistas locales, creadores, poetas, escritores y músicos, con el objetivo de integrar un proyecto que dé soporte a presentar al gobernador la creación de la Secretaría estatal de Cultura.
 
Propuesta garantizada porque como diputado presidente de la XI Legislatura, Valencia promovió la creación de la Secretaría estatal de Cultura, que permitió a los artistas y creadores locales expresar su arte, organizar foros y eventos internacionales.
 
Éste como representante social asevera ésta es una inquietud que me ha sido planteada por la comunidad artística local que sabe que cuando fui diputado presidente de la XI Legislatura del Congreso del Estado propuse la creación de la Secretaría estatal de Cultura (enriquecida y fortalecida con el respaldo de quienes participaron y aportaron ideas en los foros culturales que se organizaron en ese tiempo), que brindó facilidades y un abanico de oportunidades para la organización de eventos artísticos, incluso de talla internacional, además de respaldar en gran medida el talento local. 
 
Fuerte, censura que, en el año 2013, por ignorancia y bajo perfil de los diputados, la Legislatura en turno decidió cortar de tajo ese organismo rector de la cultura y con ello se vinieron abajo los programas que impulsaban el crecimiento de los artistas de casa. 
 
Añade que la entonces Secretaría estatal de Cultura se convirtió en un ente de bajo nivel a cargo de la Secretaría de Educación y Cultura (hoy, en la era de CJ: Secretaría de Educación), que a la postre sufrió una nueva metamorfosis que dio paso al Instituto para la Cultura y las Artes, lo mismo con menos opciones.
Su propósito es replantear al gobernante la necesidad de que dentro de su gabinete exista un organismo rector de la cultura, que permita y garantice mantener la identidad de los pueblos de Quintana Roo, sus usos, costumbres y tradiciones, así como las expresiones y disfrute de las bellas artes.
 
Familiarizado con el tema pondera la importancia de que la Secretaría de Cultura vuelva a resurgir de las cenizas para que la comunidad artística en general cuente con espacios y programas de apoyo, y al mismo tiempo participen en la toma de decisiones y en la creación de una política pública de cultura de altura.
Contundente afirma que, actualmente, el Instituto de Cultura y las Artes de Quintana Roo, sigue subordinado a la Secretaría de Educación y jamás podrá tomar decisiones en favor de la comunidad artística, lo que no debe suceder.
Coda con joda
 
Al primer administrador público de Quintana Roo se le olvida que la Organización de las Naciones Unidas, para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) describe lo que se entiende por cultura al “medio de transmisión de conocimiento y el producto resultante de ese conocimiento, tanto pasado como presente. Es un elemento facilitador e impulsor del desarrollo sostenible, la paz y el progreso económico. En su forma multifacética, aúna a las sociedades y las naciones. Son éstas las que reconocen el valor excepcional de su patrimonio construido y natural; las comunidades manifiestan la importancia de sus usos, representaciones, técnicas y conocimientos para afianzar el sentimiento de identidad y continuidad; y a través de las industrias creativas y culturales las mujeres y los hombres, especialmente los más jóvenes, se incorporan al mercado laboral, impulsan el desarrollo local y alientan la innovación”.
 
Tanto que se habla de falta de identidad, es conveniente recordar que los derechos culturales “son fundamentalmente derechos humanos para asegurar el disfrute de la cultura y de sus componentes en condiciones de igualdad, dignidad humana y no discriminación”. Situación desconocida en Quintana Roo, necesaria para entender qué es identidad para construirla.  
Incluso se debe reconocer que estos “son derechos relacionados con el arte y la cultura, entendidos en una amplia dimensión. Son derechos promovidos para garantizar que las personas y las comunidades tengan acceso a la cultura y puedan participar en aquella que sea de su elección”.
 
Más claro ni el agua de manglar de Tajamar. “Son derechos relativos a cuestiones como la lengua; la producción cultural y artística; la participación en la cultura; el patrimonio cultural; los derechos de autor; las minorías y el acceso a la cultura, entre otros. Son derechos relacionados con la identidad individual y colectiva”.