En vísperas del 486 aniversario de su aparición en el cerro del Tepeyac, el obispo José Francisco González González realiza confirmaciones y nos recuerda que la Virgen de Guadalupe quiere un México amoroso y sin denostaciones

Champotón.- El obispo de Campeche, monseñor José Francisco González González convocó a los católicos en vísperas del 486 aniversario de la aparición de la Virgen de Guadalupe a transmitir su amor y hacer juntos un México más amoroso, sin denostaciones, esto al oficiar la eucaristía en que confirmó a decenas de católicos champotoneros.

Junto con el párroco Leonel Virgen Zacarías destacó que los fieles se unen a esta gran alegría de fiesta por la madre del verdadero Dios con quien se vive, y donde se les trasmite el amor a sus hijos para que hagamos juntos un México más amoroso y sin denostaciones.

     

Recordó que fue el nueve de diciembre de 1531, cuando Juan Diego iba rumbo al Convento de Tlatelolco a oír misa. Al amanecer llegó al pie del Tepeyac y de pronto oyó música que parecía el trinar de miles de pájaros, sorprendido se paró, alzó su vista a la cima del cerro y vio que estaba iluminado con una luz extraña. Cesó la música y en seguida oyó una dulce voz procedente de lo alto de la colina, llamándole, “querido Juan Dieguito”,

Subió presuroso y en la cumbre vio a la Santísima Virgen María en medio de un arco iris, ataviada con esplendor celestial. Su hermosura y mirada bondadosa llenaron su corazón de gozo infinito mientras escuchó las palabras tiernas que le dirigió en azteca y le dijo que era la Inmaculada Virgen María, Madre del Verdadero Dios.

Reveló  su deseo  de tener un templo en el llano donde como madre piadosa mostraría todo su amor y misericordia a él y los suyos y a cuantos solicitaren su amparo. Lo instruyó a ir a la casa del Obispo de México comunicándose su solicitud. “Mereces que yo te recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo, hijo mío, el más pequeño”.  Juan se inclinó y le dijo: "Señora mía: ya voy a cumplir tu mandato; me despido de ti, yo, tu humilde siervo”.

 A su retorno, entre lágrimas contó su fracaso. Le pidió volver a ver al obispo al día siguiente, Juan Diego cumplió y el obispo le pidió una señal, regresó dando el recado a María Santísima y ella prometió dársela al siguiente día, cuando lo mandó a cortar unas flores que recogió en su tilma, y le dijo las entregara al obispo, pues ahí iba su voluntad y la tenía que cumplir.

 Ante el obispo Fray Juan de Zumárraga, contó detalles de la cuarta aparición, abrió su tilma para mostrarle las flores, que cayeron apareciendo la maravillosa imagen de la Santísima Virgen María que resplandecía sobre la burda tela de la tilma. Desde ese entonces se le venera como la reina de México y emperatriz de América cada 12 de diciembre, en el Día de la Guadalupana que congrega la fe de millones de mexicanos.