MATRIMONIO VIGENTE

 

Desde hace un par de décadas, un poco más, ha habido en nuestro mundo un proceso de de-construcción de la institución matrimonial, cuya raíz se puede justamente definir como un “colapso espiritual”. Es una  caída en picada de la dimensión espiritual, ocasionada a la fractura, en lo más íntimo de la conciencia humana, de la unión dos virtudes: la libertad y la verdad.

 Es por eso, que  hoy nos proponemos echar un vistazo a un aspecto fundamental en la vida matrimonial: la diferenciación sexual. Y luego, algunas frases del Papa Francisco acerca del amor matrimonial en su documento post sinodal, llamado en latín Amoris Laetitia (la alegría del amor).

Por razones evidentes, el ser humano tiene diferencias sexuales. Lo obvio no ocupa argumentación. Eso mismo es signo de la condición de ser creaturas y de tener una vida terrenal que concluirá. Esa misma “división” (eso significa semánticamente la palabra sexo) hace que ningún hombre esté en condiciones de agotar él solo a todo el hombre: tiene siempre frente a sí el otro modo, otro respecto al suyo, de ser hombre.

Al mismo tiempo, la diferencia sexual implica una invitación al encuentro y a la comunión por lo que constituye, en sentido propio, una vocación.

Pero la sexualidad diferenciada no se satisface en una fusión con el otro, al menos de manera completa. Se pone, en la misma naturaleza humana, un movimiento de dinamismo.

La sexualidad supone una nueva apertura: nos remite a una plenitud que está más allá de la pareja. Por su propia naturaleza, el amor tiende a dar fruto más allá de sí mismo. Eso es por salud, para no replegarse ni consumirse, y debe abrirse a una fecundidad ulterior, de la que la procreación es el aspecto naturalmente más evidente.

Por eso, el significado procreativo no se añade extrínseca o sólo biológicamente  a la dimensión unitiva de la sexualidad, sino que representa su rostro más perfecto. En efecto, la unidad en el amor es siempre fecundo, y la fecundidad del cuerpo, que en el encuentro sexual se abre a la posibilidad de la procreación es el signo de la fecundidad espiritual del encuentro de los esposos.

Bien afirmó el filósofo Maurice Blondel: Dos seres no son sino uno,  precisamente cuando son uno se convierten en tres.

EL PAPA Y LA FAMILIA

En el documento La Alegría del Amor (AL, siglas en latín) el Papa puntualiza la evidencia y describe la realidad del matrimonio y la familia. Aquí algunas frases:

“Nadie puede pensar que debilitar a la familia, como sociedad natural fundada en el matrimonio,  es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos […] Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad” (AL, 52).

“La Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia. Custodiar este don sacramental del Señor corresponde no sólo a la familia individualmente, sino a toda la comunidad cristiana” (AL, 87).

“La educación sexual debería incluir también el respeto y la valoración de la diferencia, que muestra a cada uno la posibilidad de superar el encierro en los principios límites para abrirse a la aceptación del otro […] También la valoración del propio cuerpo en su feminidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente” (AL, 285).

¡Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros!